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Quizás ha llegado el momento de asomarme tímidamente a la primavera. No hay prisa que me agobie; necesito disfrutar cada minuto con el convencimiento de que todo ello me llevará a mejorar y hasta levantar mi debilitado ánimo.
Miles de ideas deambulan por mi cabeza sin encontrar el lugar adecuado donde colocarse. Es como si mi cerebro estuviese en actividad las 24 horas del día. Temo que en cualquier momento se niegue a seguir este ritmo y se pare sin remedio.
Tantas cosas que quiero cambiar, tantos proyectos que quisiera empezar, pero sencillamente no sé como hacerlo. Eso me hace hoy pensar (como alguna vez ya he hecho) que deberían darnos un manual de supervivencia cuando nacemos. Al menos a mi no me vendría mal alguna que otra instrucción sobre como continuar con mi vida en estos momentos difíciles.
Este año siento como el sol me acuna dulcemente con sus rayos dorados. Creo que nunca había reparado en los colores tan bonitos de las flores, ni en lo agradable que puede resultar disfrutar de un paseo tranquilo. La magia que desprende la sonrisa de un niño y hasta la compañía de mis peluditos. Seguramente sin ellos, no habría podido soportar estos meses de oscuridad.
También mi madre se merece una mención especial por estar pendiente de mi, olvidándose de su propio dolor. Su condición de madre generosa, y la promesa que tantas veces le hizo a mi padre la mueven a ello.
Y si de menciones hablo debo agradecer a mi amigo Luis todo lo que dia a dia hace por mi. Desgraciadamente la nuestra fue una de esas historias que no pudo ser. Perdí un novio, pero he ganado un amigo de los de verdad: incondicional y sincero, y me siento tremendamente afortunada por ello.
Quizás debería abrir las puertas de mi corazón y permitir que la primavera llegue hasta él para quedarse un tiempo conmigo. Quizás sea el momento de empezar a curar las heridas de mi alma.....













05.05.08 @ 23:04